Van Bredam, el autor entrerriano que nos debemos

Es uno de los escritores más notables de esta tierra. Está en plena actividad y a punto de publicar la tremenda historia del Gigante González: aquel formoseño de 2,30 que rozó el cielo de la NBA y terminó en la troupe de Ted Turner como luchador. Van Bredam ha ganado premios nacionales y su literatura tiene especial reconocimiento en el circuito del Norte argentino. En nuestra provincia, sin embargo


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Leo: “El hambre como una orquesta lúgubre en la extensa llanura de su cuerpo”. Subrayo.

Orlando Van Bredam escribe la increíble historia de Jorge González. El Gigante. La novela se llama “Mientras el mundo se achica” y todavía permanece inédita. Van Bredam fue vecino del Gigante en el Colorado –Formosa-, ese pueblo que lo recibió hace ya unos 40 años cuando salió de Entre Ríos a buscar mejores perspectivas para su carrera docente.

Van Bredam es de Villa San Marcial. Allí creció y también vivió en Basavilbaso y en Concepción del Uruguay. Pero la mayor parte de su obra la fue construyendo lejos de acá. En otro hogar.

Leo: “De regreso a casa, pasaba por un caminito orillado de eucaliptos, tan largos y elegantes que los miraba como quien mira con admiración una pandilla de hermanos mayores”. Subrayo.

Van Bredam ganó varios premios, entre ellos el Fray Mocho en poesía (Los cielos diferentes, 1982) y el Emecé con la novela Teoría del desamparo (2007). Justamente después de recibir la distinción nacional, en el pueblo, allá en Formosa, lo llevaron en caravana, arriba de un autobomba.

Leo: “En el baño, sintió que el cepillo ofendía sus dientes y que sus nalgas desbordaban en el inodoro como la espuma innecesaria de una cerveza”.

Van Bredam es un poeta con oficio de novelista. O un novelista con vicios de poeta. “La poesía es una mujer muy exigente y poco agradecida, no te da nada”, dijo en alguna oportunidad.

Despechado pero sin rencor, escribe novelas sin olvidar jamás a esa mujer que en realidad lleva encima. Y escribe historias que se leen de un tirón porque no le dan opción al lector. Es ahora y con pasión.

Escribe la novela del Gauchito Gil y escribe una historia hilarante y terrible sobre el destino del hijo de un usurero y funebrero que nadie quiere recibir, ni siquiera en el cementerio.

Van Bredam tiene una dinámica intensa, humor, poesía y una voz que se renueva. Su narrativa no envejece. Y su literatura es perenne porque está hecha a su modo de ver y oír: con plena curiosidad y afán poético.

Así, justamente, encaró su último trabajo. Una historia potente y en parte conocida, que Orlando viene a ofrecer desde una mirada mucho más íntima y visceral. Es casi, diría, como sentarse a tomar tereré con el Gigante y escuchar su voz que resuena en las siestas tórridas del Colorado. Su voz doliente y alada por la poesía. Y es verlo sufriendo frente al espejo y ante la mirada cruel de su pequeño mundo cada vez más pequeño. Y es sentir el alivio cuando encuentra un camino para hacer de una aparente debilidad tremenda fortaleza y es sentir la impotencia de observar como la industria yankee se lo engulle en cinco bocados como a una hamburguesa.

Es, en síntesis, una nueva historia de Orlando Van Bredam. Un escritor entrerriano que de vez en cuando vuelve por acá y ha vuelto también con su literatura, rozando estos paisajes en sus historias, acariciando el río con la mirada y abriendo la puerta de calle Torres para sentarse a charlar con el poeta en Paraná. Pero sigue allá Orlando. Sigue allá y de él no se ve casi nada por acá. No se encuentran sus libros con facilidad, salvo por la reedición de esa hermosa novela que es La Música en que flotamos realizada por Editorial Fundación La Hendija.

Hay, pienso ahora, una cuenta pendiente con uno de nuestros escritores más notables. Las aulas, las librerías y las bibliotecas entrerrianas deberían incorporar, con decisión y ternura, las preciosas maquinarias narrativas ideadas por Orlando. No hace falta, por qué, esperar 30 años, otro premio nacional o el reconocimiento de su obra sin su estimada presencia.

 
* Fuente: Julián Stoppello de la Redacción de Entre Ríos Ahora