DE PUÑO Y LETRA

Señales que preocupan

* Por Hernán Rossi


Central Entrerriano vive horas difíciles en el Torneo Federal de Básquet. Las raquíticas tribunas del viernes pasado son un reflejo de un equipo que por ahora no enamora, no transmite ni contagia. Casi siempre, la tabla de posiciones pone a los equipos donde deben estar y el rojinegro deambula en una medianía que preocupa. 

El equipo de Pestuggia no está más arriba, básicamente, porque no lo ha merecido. Aún no se sabe bien a que juega y los partidos con Peñarol de Tala son un clarísimo ejemplo. ¿Cuál es el verdadero Central? ¿El del formidable andar del primer tiempo en Tala, o el del complemento donde se vio avasallado, sin respuestas anímicas ni basquetbolísticas? ¿El de los últimos 15 minutos del primer tiempo del viernes, o el del segundo período donde Mora, Caponi y Barreto jugaron a su antojo?

Sin dudas que el mal momento es multicausal. A un equipo que no pareciera tener la jerarquía de otras temporadas, se suman rendimientos individuales pobrísimos. Hoy, parece un equipo desbalanceado. Giaveno es el jugador más resistido por el público, y sin dudas es el que más está en deuda. Sin claridad para armar el juego estacionado, tampoco le ha podido imponer su vértigo al equipo y muchas veces ni siquiera mira el aro. Gerlero es una apuesta del entrenador y está muy lejos de lo que seguramente se esperaba. Sieiro no ha sido ni por asomo el de otras temporadas. A esto sumémosle buenas y malas del resto y el resultado está a la vista.

 

Independientemente de la faz ofensiva, tal vez lo más llamativo del pasado viernes fue la facilidad con que vulneraron la defensa rojinegra. Dentro de la medianía, el aspecto defensivo había sido uno de los puntos fuertes del equipo antes del receso, dejando en bajo goleo a muchos de sus rivales, cuestión que terminaba maquillando la floja producción en ataque. Pero el viernes Peñarol rompió en el segundo tiempo una y otra vez la primera línea defensiva, ante una pasividad que alarmaba. Cabe preguntarse: ¿Es una cuestión de una mala preparación física o es actitudinal? ¿Central está un cambio más lento que sus rivales o faltó compromiso?

No es común que el equipo de calle España sume tantas derrotas en fase regular en carácter de local. El viernes había una chance inmejorable de ponerse a tiro, pero pasó sin pena ni gloria. A la escasez de ideas, a la mala defensa (recibió 50 puntos en el segundo tiempo), se coló la peligrosa imagen de un equipo apático, abúlico, sin rebeldía. Y esto, de no revertirse, es un pecado capital en club como Central, un elemento que el hincha jamás perdona y que puede divorciar completamente a un plantel de su público.

El problema se presenta cuando se quiebran las relaciones. No sé si Cali Pérez es más o menos que Pestuggia. No interesa. Pero el exentrenador rojinegro dejó su cargo, básicamente, por una ruptura con la gente, a partir de reclamos por la elección de algunos jugadores (Acosta a la cabeza), la caprichosa postergación de Gabriel Díaz en un tramo del torneo y la demora en el pedido de tiempos muertos en momentos claves, entre otras razones.

Y traemos ese ejemplo, para ver lo peligroso que es para una temporada, el quiebre con los simpatizantes. Es cierto que los dirigentes deben esta por encima de lo que grita la tribuna, pero en algunos casos, no tengo dudas estos deben compartir las dudas del presente.

Más allá de eso, es improbable que el cuerpo técnico y la dirigencia estén conformes con lo hecho hasta ahora. Tal vez no lo digan –y es hasta lógico- pero la desazón debe ser grande. Hay una apuesta dirigencial fuerte en lo económico (eso no los exime de errores) y muchas horas de esfuerzo. Y si todo ello no se ve reflejado en el compromiso dentro y fuera de la cancha, deben dar ganas de tirar la toalla.

Repito, con otras palabras: si bien Central no ha jugado bien en muchos tramos del torneo, lo que está en el centro de la escena es el hecho de que dé lo mismo ganar o perder, que no se ponga el amor propio como antídoto al circunstancial mal juego.

Central está a tiempo de cambiar. No hay dudas de ello. Falta mucho y en los playoffs es donde aparecen los grandes equipos. Pero para revertir este panorama gris del presente hace falta un cambio de actitud, un compromiso diferente y gestos claros y concretos. Si no hay autocrítica, si no barajan y dan de nuevo, el sueño del ascenso quedará muy lejos. Debemos ser optimistas, pero con los pies en la tierra. Si el cambio no comienza en la cancha poco podemos hacer desde estas letras y la gente desde la tribuna. Poder se puede, el tema es querer.