DE PUÑO Y LETRA

Papado y política vernácula son peligrosos

* Por Luis María Serroels


Ya hemos hablado del impacto que significó mundialmente y con mayor razón en la Argentina, la elección de Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice, marcando un antes y un después en nuestro clero. También recordamos que el kirchnerismo –enemigo acérrimo del Primado al que le destinaba una abundante artillería dialéctica- acusó el golpe con un tono carente de tino y sin una mínima diplomacia. Sabido que el cristinismo reaccionó airadamente, poniendo en grave aprieto a sus militantes de fe católica. Pronto apareció alguien que convenció a CFK sobre su error y, con la dudosa fe de los conversos, la entonces Presidente sintió un llamado desde las alturas para firmar la paz con Francisco. La peregrinación política hacia Roma para ver y saludar al Pontífice era previsible, pero no que en ella se mimetizaría lo peor del Frente para la Victoria. Lo cierto es que el Papa, habiéndolo advertido, optó diplomáticamente por no discriminar al momento de las audiencias. Entre el 15 y 18 de este mes, Francisco pisará suelo chileno, el quinto país de América del Sur y luego entre el 18 y 21 lo hará en el sexto, Perú, postergando otra vez a sus compatriotas. No sorprenderá que muchos aprovechen para reiterar deliberados actos de mostración cargados de hipocresía. Ya hemos sostenido que una foto junto al Pontífice no convierte en honestos a los mafiosos pero en cambio afectan la imagen de la Iglesia. En casi cinco años de pontificado, Francisco sigue posponiendo su anhelada visita. ¿Y si aprovechara para enviar un mensaje especial a sus compatriotas? Sería un factor de enorme trascendencia y alentadora esperanza.

Cierta vez escribimos que “todos los caminos son buenos para llegar a Roma” pero visitar al Papa lejos está de transformar por arte de magia a un delincuente en un virtuoso. ¿Alguien duda de que Bergoglio no haya experimentado alguna vez un gusto amargo ante ciertos visitantes sin legajo pero con prontuario? Abrirle las puertas a Cristina no puede atribuirse a la vieja adhesión del Pontífice al peronismo –está claro que ella no lo es- sino a un pragmatismo histórico de la Iglesia. Los traslados cristinistas fueron diversos tanto a Italia como a otros países donde Bergoglio estuvo y a veces con inocultable propósito marquetinero (se contabilizan siete encuentros privados). No faltan quienes especulan con un eventual cruce cordillerano de la actual senadora para reencontrarse con su ahora amigo, pero no advierten que las condiciones han dado un giro copernicano. Los juicios que la aguardan en los tribunales son un duro escollo moral.

No pocos políticos, deportistas y figuritas de la farándula que han armado sus bagayos para ir a visitar al Pontífice, le daban vuelta el rostro por las calles porteñas o en medios de transporte.
La reticencia papal en viajar a la Argentina plantea comprensibles interrogantes. En 2015 fue porque no quería incidir en el proceso electoral –argumento que pareció sensato- aunque no fue óbice para recibir a Cristina Fernández en Roma a poco tiempo del Cónclave.

Jorge Bergoglio conoció la historia negra de los Kirchner mucho antes de llegar al trono de San Pedro, sin embargo terminó dispensándole atenciones especiales a alguien que hoy tiene en agenda inminentes visitas a los estrados de Comodoro Py.

Pero convertir a quien lo difamó, en la figura de la política argentina con la que más entrevistas mantuvo desde su elección pontificia, suena cuanto menos inexplicable.

Al volver de Roma Carlos Menem (condenado por la justicia) declaró que al Papa “le preocupa lo que ocurre en todo el mundo y por supuesto en Argentina, que es su país (…) él quiere a su patria como la queremos nosotros”. Al menos a simple vista no se comprende.

Si en difundidas declaraciones el Papa dijo que “la corrupción crea dependencia y genera pobreza, explotación y sufrimiento”, suponemos que a esta altura debe haber borrado de su agenda a ex visitantes con caras de ángel. El Pontífice fue contundente: “Se debe elegir entre dos caminos: “la honestidad y la deshonestidad, la fidelidad y la infidelidad, el egoísmo y el altruismo, entre el bien y el mal (…) la corrupción constituye el camino más equivocado, el del pecado, aunque es el más fácil de recorrer”.

Hay una suerte de narcisismo que lleva a muchos a buscar afanosamente cubrir espacios de renombre y hacerse de relaciones de alto nivel. Son los conocidos “figuretis” que hacen de la doctrina de la figuración un credo inalterable.

No debe sorprender que se estimen en un millón los argentinos que irán ver a Francisco, pero nos aventuramos a imaginar que tal vez no pocos que en Buenos Aires cambiaban de vereda para no cruzarse con el Cardenal Jorge Bergoglio, ahora no vacilarán en traspasar la cordillera para verlo convertido en Papa Francisco (y se trata de la misma persona). Por fortuna la mayoría lo hará con justificada emoción y quizás llevados por el temor a que el Pontífice continúe alargando indefinidamente su tiempo de ausencia de su país natal.

Figuras devaluadas de la política nacional, representantes mediocres de la farándula, deportistas (incluyendo un ex futbolista embriagado de petulancia y desorden moral), sindicalistas y entre ellos no pocos que supieron de un tal Jorge Bergoglio recién a partir del 13 de marzo de 2013, llegaron a la Plaza de San Pedro o a la residencia de Santa Marta para la foto. Y hasta no faltaron quienes lo utilizaron como estrategia de proselitismo electoral.

Ahora la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, afirma que Francisco vendrá “cuando haya diálogo y cese la violencia” (siendo así no hubiera viajado a ciertos países europeos donde los atentados sangrientos y choques callejeros son pan de cada día).Varias naciones visitadas por Su Santidad no están exentas de violencia irracional. Los impresionantes despliegues en materia de seguridad lo certifican.

Mientras el “chauvinismo” chileno se regodea, el Episcopado argentino debió salir a aclarar ciertas posiciones que tienen origen en una inocultable frustración ciudadana. “Nadie puede hablar en nombre del Papa” –se advirtió-, atacando a algunos medios que identifican al Pontífice con determinadas figuras políticas (basta con observar fotografías que muestran a Francisco con personajes indeseables del kirchnerismo rígido citados por los jueces, para abonar las noticias desvirtuadas).

Los conductores de la Conferencia Episcopal enfatizan que “acompañar a los movimientos populares en su lucha por la tierra, techo y trabajo es una tarea que la Iglesia ha realizado siempre y que el propio Papa promueve abiertamente”. Curioso sesgo en las respuestas eclesiásticas, cuando de lo que se trata es de saber por qué no llegará a nuestra nación el jefe de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Bastan apenas un par de horas de vuelo por sobre los Andes (Santiago-Buenos Aires) para venir a su país, pero eligió viajar a Perú en escala a Roma. El papa Karol Wojtyla retornó a su convulsionada Polonia asumiendo graves riesgos, el 2 de junio de 1979. Fue ocho meses después de ser elegido como Papa Juan Pablo II. Para ello venció la intransigencia de las autoridades comunistas que se oponían a cualquier visita papal. Vino a la Argentina dos veces, siendo el primer arribo en momentos muy trágicos para nuestra nación. Y además fue el “ilustre mediador” en el conflicto con el país trasandino.

¿No sería éste el mejor momento para que el Papa serene los espíritus en su país y enderece el rumbo hacia planos de tolerancia y convivencia recíprocas? Francisco ha visitado –en extenuantes periplos- países donde hay violencia que demanda extremas medidas de seguridad para protegerlo. Y ello nunca pareció intimidarlo. Claro que una cosa era patear las calles o apretujarse con la gente viajando en subte o en “bondi” como Cardenal Primado y otra convertirse en un referente mundial representando a Dios en la tierra.

Un vocero de la Conferencia Episcopal dijo que “el Papa vendrá cuando sea propicio”. ¿Qué lo torna no propicio?

¿Por qué no transformar de una vez por todas a Jorge Bergoglio en el “ilustre pacificador” de sus compatriotas? No aguardar una previa pacificación sino ser el factor determinante de ella. ¿Medió entre Cuba y Estados Unidos y no puede atemperar los enfrentamientos internos de Argentina?. La diplomacia vaticana tendrá sus cuestiones reservadas –sería tonto relativizar sus prioridades entre las altas obligaciones y agenda cotidiana- pero si nos ponemos a profundizar, es sensato suponer que no es lo mismo que centenares de miles de argentinos deban visitar Chile para ver a Francisco, que 41 millones de ellos sean visitados por él transcurrido nada menos que un lustro sin verlo aquí. Sería volver a casa y, por qué no, un gesto de misericordia que el propio Papa definió lúcidamente: “Un poco de misericordia cambia el mundo, lo hace menos frío y más justo”.

* Fuente: ANALISIS DIGITAL