DE PUÑO Y LETRA

La política requiere una tomografía moral

* Por Luis María Serroels


El ejercicio sano de la política y la cultura respetuosa y tolerante por las ideas ajenas, son presupuestos inalterables y sólidos soportes de la democracia bien practicada. Apartarse de estos preceptos irrenunciables es una falla que las sociedades no se pueden permitir. Tres décadas y media atrás, limpiada la mácula desdorosa del facto militar, una incipiente explosión de alegría saludaba los aires que restauraban legítimos derechos. Y en ese camino, cómo no evocar los mitines proselitistas que atiborraban las plazas del país y movían multitudes, además de los sones que salían de las casas partidarias. Vastos sectores que nunca habían accedido al ejercicio del sufragio, descubrían un paisaje nuevo. La democracia convocaba y así surgieron no sólo militantes sino además esclarecidos líderes genuinos para recuperar las instituciones mancilladas. La participación colectiva soterrada por la prepotencia con botas (y sin votos), apuntaló un período de recuperación. Pero luego vinieron los falsos mesías, las promesas incumplidas y, para peor, la corrupción que se apoderó del Estado. Hoy los actos emplean modestos salones, algunos candidatos se quedan sin recursos por falsear datos del comicio anterior y encima los rejuntes, más por temor que por coincidencias, exhiben una maquillada reconciliación. El modelo “Borocotó” gana terreno y la falta de motivación ciudadana se advierte con claridad. Es hora de realizar a algunos políticos una tomografía moral habilitante.

Cuando se observan los malabarismos jurídico-reglamentarios expuestos para sacar a un corrupto de una banca nacional, victimizado ridícula e insolentemente para zafar de la situación con ayuda de pares que hacen apología del delito, se concluye que 34 años de democracia no han podido ganarle el combate al delito enquistado en el poder. “Quieren destruirme a nivel personal”, dijo Julio De Vido, ignorando las 52 vidas destruidas durante su gestión en el accidente de Once. Se naturaliza la corrupción y esto vale para el orden nacional pero también para nuestra provincia que muchos visionarios lucharon por construir y que hoy funcionarios sedientos de riquezas mal habidas arrojaron al chiquero.

Cristina Fernández ordenó a su tropa protegerlo, olvidando que en el pasado ella logró que un legislador correntino no asuma porque enfrentaba un proceso y más adelante hizo lo propio con el senador Luis Barrionuevo por haber incendiado urnas en Catamarca. El miedo no es zonzo.

Un concepto discepoliano de la política se podría sintetizar así: “lo mismo un burro que un gran profesor y si roba pero hace, déjenlo robar”.

El alto número de listas de una misma raíz ideológica compitiendo, traduce falta de unidad, matizada con cierta angurria política. Hay sectores que ubican en sitios significativos a personas otrora unidas por un mismo ideal pero también figuras residuales de épocas funestas. Así las cosas, la diáspora es difícil de frenar.

Funcionarios y legisladores -de distintos signos- dejan sus sitios sin pedir licencia para hacer campaña. Y un candidato a diputado nacional recorre el interior prometiendo gestionar soluciones para el sector productivo e industrial, como si los actuales legisladores de su partido en el Congreso Nacional no se preocupasen de ello. Esto no es un síntoma de unidad.

La desaprobación de la jueza federal María Servini de las rendiciones de cuentas vinculadas con las elecciones primarias y generales de 2015, que fueran revisadas por sendas auditorías de la Cámara Federal Electoral y elevadas por el fiscal federal Jorge Di Lello, constituyen una grave mancha que lleva a suspenderles las remesas a los partidos que no puedan exhibir cifras correctas y confiables.

En paralelo, la lucha interna del oficialismo provincial –en particular en Paraná- se agudiza con declaraciones cruzadas (¿para un peronista no había nada mejor que otro peronista?), mientras la desusada cantidad de boletas inscriptas lleva a que la distribución gratuita de espacios para spots radiales y televisivos, otorgue pocos segundos a cada una. En tanto Cambiemos presentó tres listas y el Socialismo y la Izquierda sólo una y por ende dispondrán de mayor tiempo. Por ahora los spots –veloces ellos- carecen de originalidad.

La estrategia oficialista confirma nuestra reciente hipótesis en este espacio sobre un claro silogismo: si Bordet se alía con Urribarri y Busti se alía con Bordet, Busti se alía con Urribarri.

Mientras tanto hay conspicuos peronistas que dejaron buenas huellas y hoy se muestran como opciones ajenas a las malas mañas, con discursos lapidarios para el oficialismo. ¡Y hasta se vuelve a nombrar a Perón!

El conocido enfrentamiento de Urribarri con Busti pareciera encapsulado e incluso el actual líder del Frente Entrerriano Federal reflexionó atemperadamente que “si la justicia citó a Urribarri, algún motivo habrá tenido” (motivos sobran y son de pública notoriedad). Al parecer la sobrecarga de imputaciones no es óbice para formalizar acuerdos electorales.

En el libro El Clan, de Daniel Enz, páginas 206 a 210, se relata claramente el feroz choque verbal Busti - Urribarri y la trama de traiciones sufridas por quien fuera tres veces gobernador.

Gustavo Bordet no necesita explicar su cercanía a libro cerrado con su predecesor, pero Busti quizás no evalúa eventuales costos políticos al hacer causa común con quienes estuvo fuertemente enfrentado en 2015 cuando se alió con Sergio Massa (su candidato a gobernador, Adrián Fuertes, apenas 48 horas después de los comicios se cruzó de vereda para ponerse al rescoldo del Frente para la Victoria ocupando un cargo de ministro). Y por si fuese poco, le obsequió al flamante mandatario la banca de senador que le hacía falta para ser mayoría.

Suena extraño ver a Urribarri hablando en un mitín como si nada estuviese ocurriendo en los tribunales y criticando al PRO, cuya figura importante, el ministro del Interior Rogelio Frigerio, es enlace e interlocutor válido a la hora de conseguir fondos para Entre Ríos. Pero además reedifica su relación personal con Cristina Fernández, cada vez más lejos del justicialismo.

Mientras tanto dos paradigmas de la era K, que se protegieron bajo el paraguas de Néstor y Cristina, hoy cultivan el panquequismo soslayando su pasado y, en especial, subestimando la capacidad de juicio de la ciudadanía y mordiéndole la mano a quien políticamente los alimentara. Un ultra kirchnerista incorregible que siga apegado a su jefa y mentora, es menos censurable que los “abandónicos” de cara de piedra que ayer nomás daban la vida por el FPV y hoy se exhiben descontaminados y ajenos a sus pretéritas y repudiables andanzas, corresponsables al fin y al cabo de tanto desquicio.

¿Es casualidad que haya homónimos de Sergio Massa y Florencio Randazzo anti Cristina? No, son los mismos que optaron por el carril de la infidelidad. Son los mismos que compartían la mesa chica con Julio De Vido sabiendo en qué andaba.

¿Qué tiene para mostrar hoy el kichnerismo residual, aparte de poner palos en la rueda y trasladar culpas a quienes recibieron un Estado en situación calamitosa? ¿Acaso en 2015 no cosechó un revés en las urnas? ¿Qué confianza se puede generar, incluso actuando por fuera del PJ?

Los compañeros de ruta de ayer, hoy se trenzan en ataques recíprocos y a la vez contra Cristina Fernández en gesto teñido de deslealtad que cualquier código elemental de ética política descalificaría. ¿Qué fundamentos doctrinales y pautas morales podrían hoy modificar el humor ciudadano? ¿Acaso los errores macristas le generan méritos a los responsables de una herencia tan pesada? ¿Margarita Stolbizer puede justificar su giro copernicano aliándose con Massa en tanto se revise el pasado K de éste y las duras descalificaciones que la dirigente le dedicaba? Hay que desconfiar de los políticos “tuneados”.

Un eventual “chirlo” electoral le vendría al actual gobierno como toque de atención y advertencia, pero no supondría absolver a ladrones públicos probados en acción durante una década.

Durante años se naturalizó la violación de la Ley Suprema y subvirtió la división de poderes, llegándose al colmo de guarecer en las bancas y bajo sus fueros a quienes cometieron graves delitos (Carlos Menem y Julio De Vido son dos casos paradigmáticos).

Días pasados Jorge Busti aludió a la pasividad de la sociedad paranaense frente a las acusaciones contra el intendente Sergio Varisco, pero la sociedad vería con buenos ojos que haga lo propio respecto de muchos entrerrianos ante las revelaciones que tachan la conducta de quien él condujo hacia el despacho mayor del gobierno provincial. Esa persona tiene hoy allanado el camino para conservar protagonismo y poder, cuando lo correcto sería que se despoje de sus fueros, se encamine hacia el Palacio de Justicia y aclare su situación. Una tomografía computada sobre las reservas morales de los políticos, sería muy bueno a la hora de las opciones electorales.

Mientras tanto la magia de las PASO hizo que el gobierno anticipe el inicio del cronograma de pago de sueldos y jubilaciones del Estado provincial. Milagros electorales que el Vaticano aún no ha homologado.

* Fuente: Análisis Digital