DE PUÑO Y LETRA

Sexo, mentiras y videos

* Por Daniel Enz


Gustavo Rivas está acorralado. Ya no se escucha la frase de “puro humo” en torno a lo que publicamos. Su abogado defensor ahora habla de “hechos prescriptos”. O sea, algo así como “reconocemos” los episodios, pero ya no hay margen para la investigación judicial. De otra manera sería: Rivas cometió los abusos denunciados, los menores de Gualeguaychú fueron abusados y corrompidos por el doctor, pero ya es tarde. Claro que su abogado no dijo ni una palabra sobre las 200 copias en papel de las fotos de años anteriores, con imágenes pornográficas, que se le encontró en la casa, donde aparecen menores de la ciudad. ¿Alguien tomó conciencia de la gravedad de esa prueba?

Debe ser que en todos estos años el letrado defensor vivió en otra provincia o bien su estrategia pasa por embarrar la cancha, confundir a la opinión pública y asustar a las víctimas para que no declaren. La justicia entrerriana avanzó en todos los casos de abusos de menores, en casos resonantes denunciados por ANALISIS, como los de los curas Justo Ilarraz, y Ceferino Moya o el ex asesor cultural de Urdinarrain, Javier Broggi. Este último fue condenado incluso y ahora espera la ratificación de la sentencia para ir a la cárcel, como corresponde. De todas maneras, la publicación dio cuenta de episodios de abusos cometidos desde la década del ’70 y se relató un hecho de 2007, de cuando Rivas se paseó desnudo ante jóvenes en su casa de calle Mitre 7, mientras le pasaba una película casera pornográfica, en la que él era el principal actor protagónico. Habrá que ver también quién o quiénes son los mayores que acompañaron a Rivas en ese film casero. La sociedad tampoco los puede ocultar.

Y quizás sea hora de que la justicia comience a apuntar también a quiénes fueron los cómplices que tuvo el abogado, algunas veces, de hechos de abusos con menores. Está visto que no solamente Rivas participaba de los hechos. Había “cazadores” que eran mayores de edad, que reclutaban a los menores y en especial a chicos humildes, de mucha necesidad para la vida diaria.

Ahora es tiempo de las víctimas. Ya hay una causa abierta y hay víctimas que fueron, dieron la cara ante la justicia, denunciaron a Rivas y contaron las cosas que les hacía o los llevaba a hacer, cuando apenas eran menores que recién empezaban a caminar por la vida.

Las víctimas deben estar tranquilas y decididas. Afuera está Rivas y su abogado. No más que ellos. No alcanzará con las mentiras de ninguno de los dos letrados. Menos con las chicanas del defensor, que no tiene compromiso con la verdad y está visto que es capaz de manifestar cualquier falsedad para desvirtuar la denuncia periodística. Nunca nadie le inició juicio a ANALISIS por las anteriores denuncias de abusos. Nunca este medio pagó un solo peso a nadie de “indemnización” -como dijo-, simplemente porque nunca existió demanda alguna.

Ilarraz está esperando la fecha del juicio oral; el cura Moya también. Y Broggi está condenado. Sus víctimas hoy comienzan a sentir paz, porque después de mucho silencio, lograron verdad y avanzaron de la mano de la justicia. Acá hay una pelea entre los que quieren llenar de lodo la verdad y los que apostamos a esa verdad, que será sanadora. Denunciar lo que ocurrió puertas adentro; hablar de los abusos; acusar al abusador y esperar la tarea de la justicia, es la única forma de ganarle la batalla a la impunidad, al silencio y la mentira. No hacerlo, es apostar a la sonrisa socarrona de Rivas y a las falsedades de su abogado. Y la sociedad debe saber en qué lugar tendrá que pararse. Porque esos menores son hijos de Gualeguaychú. Y muchos de ellos llevan hace demasiado tiempo ese dolor acallado, porque nadie los quiso escuchar cuando les advirtieron de lo que sucedía cada vez que el doctor cerraba la puerta de su habitación.

* Fuente: Analisis Digital.